Antes de empezar, dejaré clara una cosa. World of Goo puede y será visto desde dos puntos de vista muy distintos. Puede ser visto como un juego que nos propone una serie de retos, usando la física y la lógica, y una pizca de habilidad. Y puede ser visto como una forma de expresión artística, que más que subyacer, pugna por emerger y abarca y rodea todo el juego, convirtiéndolo en una experiencia, más que un juego en sí mismo. Para gran parte de los visitantes, el análisis termina aquí.
Explicar las sensaciones que puede provocar un juego no es sencillo, incluso cuando esas sensaciones consisten en repetir una y otra vez los mismos patrones, ver siempre el mismo juego con distinto collar. Si hay algo que abunda en el plantel del entretenimiento digital actual es la desidia, el plagio y la repetición hasta la saciedad de los mismos patrones, con más polígonos que el anterior. Eso hace a esta propuesta independiente aun más interesante, porque está alejada de los grandes lanzamientos apoyados por campañas multimillonarias, que se convierten en cebo para animales rápidamente, y más aún teniendo en cuenta que ha sido concebido, producido y llevado a cabo por tan sólo 2 personas.
Por eso este juego se ha convertido en algo especial. Lo que en principio puede parecer un juego de construcción, donde realmente el objetivo es construir y construir estructuras (nada simple, desde luego), comienza poco a poco a mostrarnos ideas, sensaciones, reivindicaciones, a mandarnos mensajes subliminales y también mensajes directos. Mensajes que nos recuerdan el tipo de sociedad en que vivimos, donde el artista cuestiona la base de la sociedad moderna mediante la reducción al absurdo. Y vaya si lo consigue. Pero todo ello tan solapadamente, que pasará desapercibido si realmente no nos lo cuestionamos a diario. Si pretendemos pasar un rato entretenido, podremos cargar el juego, elegir una fase, completarla, y apagar el ordenador. Y el juego no nos habrá dicho nada. Pero quizá lo que lo hace más especial es que puede ser la mecha que prenda fuego a nuestra disconformidad social. O no hacerlo.
Es toda una experiencia personal. Pero creo que la mejor forma de hacerle justicia, es intentar plasmar las sensaciones al ponerse ante él.
Durante el arranque, y la carga inicial, se muestran una serie de mensajes inquietantes. Todo el juego se manejará con el ratón, y con el botón izquierdo, no necesitaremos nada más. Se nos presentan unos dibujos oscuros con grandes contrastes y contraluces. Las primeras fases son de introducción y nos enseñarán a manejarnos dentro del mundo que nos presenta. El funcionamiento es harto sencillo y no precisaremos de más de 5 minutos para comprender su mecánica. Durante el juego, la música no es la habitual que acostumbramos a escuchar, sino que se nota que ha sido producida ex-profeso para cada situación que nos plantea.
En cuanto a los escenarios, el dibujo es simplemente soberbio. Es la personalidad del juego en sí misma. Cada uno de los dibujos son verdaderas obras de arte moderno. Y tengo que confesar que he pasado largos ratos contemplando el escenario minimalista de la fase 'Dia de Viento'. Es una pintura asombrosa (no puedo describirla de otro modo) que sólo usa los colores rojo y negro.
Auténtica obra de arte en movimiento, y si los que se llaman autores modernos la viesen, se les debería caer la cara de vergüenza; porque ha conseguido plasmar una sensación bella en un lienzo virgen, como es la plataforma digital. Pagaría mucho porque el autor me hiciese un oleo con esa imagen que tantas sensaciones transmite. Para más inri, la música añade un ambiente cálido y bohemio a la escena, que culmina en una perfección artística inusitada. Poco más voy a contar sobre la experiencia en juego, porque la sensación audiovisual completa estoy lejos de poder describirla con palabras.
El juego habla de amor, de belleza, habla de industrialización, habla de la soledad que produce. Habla de la gente como unidad, como mundo, como unidad global, y del mundo como entidad propia. Destila belleza, finura, emoción, alienación, y pena, sí, a veces pena. Habla del grande y del pequeño, y de los pequeños que solos son pequeños, pero unidos son grandes. Habla de poder y de nuestros mayores deseos. Nos presenta a nosotros mismos, y a nuestro nuevo dios: el consumismo, el capitalismo, y tiene la capacidad de hacer que los jugadores se plantéen por qué se levantan cada día para trabajar; os lo advierto.
Confieso que en mis 20 años de jugador, he visto muchos juegos que me han parecido soberbios, magníficos. Pero pocas veces he disfrutado de un juego tan espiritual, casi tanto como Shadow of the Colossus. Y eso, es poner el liston muy, muy alto. Por mi parte, tiene un 10.






