sábado, 11 de julio de 2009

Los gatos, de dos en dos

Los gatos siempre han sido los animales malditos, los seres abandonados en la historia del mundo. En la oscura edad media, siempre han sido sinonimo de plagas, de brujería, de maldad, de malos augurios, y eran quemados en hogueras por el siempre supersticioso clero. Acto que desembocó en la terrible plagua de peste que acabó con más de la mitad de la población de Europa, pues los gatos eran el único método de control natural de las ratas que la transmitían.

A pesar de que llevan más de 3000 años entre nosotros, han mantenido su espiritu indómito, su independencia, su deliciosa deslealtad a los amos. La belleza y perfección en sus formas los hizo dioses en el antiguo Egipto, a los que se veneraba e idolatraba. Matar a un gato se castigaba con la pena de muerte, pues los gatos mantenían alejadas a las ratas que devorarían las cosechas si ellos no estuviesen.

Los egipcios se encargaron de que fuese el único animal del cual se conservan obras pictóricas de esa época, que aparecen representados como dioses, al lado de los faraones. Incluso hay momias de gatos embalsamados con el mismo ritual que se utilizaba para los todopoderosos faraones. Tuve el placer de ver una momia de gato de mas de tresmil años, que en origen estaba adornada con oro, joyas y piedras preciosas, pero fueron arrancadas por saqueadores de tumbas, que inocentemente pensaron que el oro valía más que el cuerpo momificado de un gato de 3000 años.Ignorantes.

De cuerpos enjutos, ágiles, ojos brillantes y llenos de expresión, los gatos son un retazo del pasado. Por más que han pasado los siglos, su espiritu salvaje no ha podido ser domesticado por los humanos. Han permanecido orgullosos, con facciones perfectas, indómitos y enigmáticos, como si fuesen una encarnación de los propios dioses. Es imposible no fijarse en su delicado andar, en cómo caminan por la vida sin tocar el suelo y en cómo algunas afortunadas veces nos dedican una mirada de sus profundos e hipnóticos ojos. Cuánto han hecho desinteresadamente por nosotros, esos preciosos seres que flotan sobres nuestras calles y tejados, como si no necesitasen pisar tierra para desplazarse.